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consejos de mi madre 3

flores y colores

acianoMi madre amaba las flores y un recuerdo de su adoración me llegó esta primavera en la forma de un manojo de acianos. Un amigo me había dado un paquete de semillas de flores silvestres y de ahí salieron varias clases de flores, de las que sólo reconocí las acianos. Las planté en una maceta de la terraza y según recuerdo las de mi madre salieron en un jardincito redondo al lado de la puerta trasera de nuestra casa rosa.

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Lo comenté a mi hermana quien me hizo recordar la pluralidad de colores en los jardines de mi madre.

En los jardineros en el borde de la casa, mi madre siempre plantaba damasaquines (que también tengo en la terraza) y petunias moradas (que no tengo).

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Era una combinación bastante brillante y una cacofonía de colores – gritos orgullos, “¡Somos amarillo/naranja y violeta/morada y mira como convivimos!” No sé por qué pero no agradaron estas dos flores combinadas. La damasquina pequeña, fuerte de olor y feo de color. La petunia frágil pero abundante de vida, vivieron todo el verano.

Ahora disfruto combinando colores fuertes. En Londres pintamos dos paredes de del salón rosa con toques de amarilla y rojo. Y esta combinación desagradable de mi niñez, en la Cuidad de México pintamos dos paredes del salón en mezcla de naranja pulida con amarillo, como las damasquinas y la moldura morada – como el color de petunias.

 

 

 

Podría ser, como dice la frase hecha, de tal palo, tal astilla. Más bien atribuyo los años que vivía en otros países como punto de referencia para este cariño para colores brillantes. El paisaje de México, por ejemplo, es una explosión de colores y Japón tiene también sus jardines pintados por las cuatro estaciones y las fiestas tradicionales vivos de colores, fuego y naturaleza.

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los jardines de mi madre

Mi madre tenía manos de jardinero, y en el jardín trasero de nuestra casa hubo una plantación: una huerta de cerezos, manzanos y perales con flores, pájaros y frutas volunteers_0037anuales. Una parcela donde sembraba flores para cortar y regalar o tener en casa y al lado, y más grande que la huerta de flores, una huerta de verduras.

Durante la conversación con mi hermana, ella se quejaba de las horas trabajadas en el jardín de verduras de mi madre – las horas y días arrancando la mala hierba. En la misma declaración, presumía de la magia y emoción que había en ver las semillas convertirse en plantitas, en verduras, ¡y por fin, en comida!

all_three¡Ja! Le comenté que evité esta faena sucia y aburrida con una trampa atrevida y sencilla.

Tenía por ahí unos 5 años y mi madre me pidió ayudarle en cortar la mala hierba de la huerta de verduras. Con la cara dura y sin pensarlo dos veces empecé a sacar las plantas de verduras sabiendo que lo hacía mal, pero no quería ayudarla. Quise esquivar esta faena para jugar y a los pocos segundos mi sueño se convirtió en realidad. Mi madre me gritó y me despidió de la tarea. Nunca más tuve que trabajar en los jardines de mi madre.

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Para mi sorpresa (seguramente también hubiera sido para mi madre) hoy participo en una huerta urbana colectiva que se llama “L’Horta Cabanyal”. Se ubica en el barrio marítimo y está a 300 metros de la playa Cabañal. Antes había sido un solar abandonado, al lado de la finca famosa “el Clot.” Un grupo de vecinos retiraron 10.000 kilos de escombros y residuos de todo tipo, allanaron el terreno, luego plantaron arboles y jardines con verdura, construyeron varios senderos por la huerta, una acequia para regar las parcelas, plazas con bancos, un observatorio de pájaros, una cocina solar, una aula escolar y más cosas.

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Hace dos años que empecé a participar en este proyecto. Mi interés surge de un deseo de conocer a mis vecinos y sensibilizarme sobre la agricultura ecológica. También porque me preocupa la cadena de consumo de nuestra alimentación, la que a veces ha viajado cientos o miles de kilometres para llegar a mi casa. No sembramos todo lo que comemos, pero es, como dijo mi hermana, muy especial ver las semillas convertirse en plantitas, en verduras hasta aparecer en un plato en la mesa.

Todavía no me gusta mucho sacar la mala hierba pero lo hago cuando es necesario y con mucho cuidado con las plantas y en buena compañía de los vecinos.

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flores silvestres

Otro recuerdo que tengo a mi madre es su búsqueda de flores silvestres. Cuando era pequeña fue una molestia ahora entiendo mejor su motivo. Me acuerdo de viajes en coche cuando mi madre le pedía a mi padre parar el coche para que ella bajara para cortar flores silvestres en la orilla de la carretera. Adoraba las flores pero jamás las compraría y cuando su jardín no tenía flores ella las cortaría de los bosques y los bordes de los campos. Una vez la escuché dar un consejo a la amiga de mi hermana que estaba arreglando unas flores para el centro de la mesa. La dijo que era fácil sólo había que posicionar las más altas al fondo y las más bajitas al frente y los colores se arreglarían por sí mismos. Otro ejemplo de un consejo sencillo y básico de mi madre, que hasta hoy me ha servido.

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Yo no siempre las tengo, pero yo también intento mantener una rama de flores en casa y tampoco me gusta comprar flores. Mi madre era cuidadosa con su dinero, siempre buscaba lo más económico y de calidad durable y comprometido con lo casero antes que todo. A veces comparaba flores pero estaban en macetas, aparecían en un centro de la mesa por ejemplo y luego las plantara en el jardín.

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No compro flores porque no caben dentro del presupuesto familiar y un otro motivo es el lado oscuro de la industria florera que utiliza una cantidad bestial de productos químicos, que en turno tiene su impacto en el medio-ambiente y en la salud de los trabajadores. Además la industria florera suele ser monocultivo y que muchas veces significa que la plantación puede haber desplazado una comunidad, una triste historia de ayer y la realidad de hoy es que ahora los ex-campesinos trabajan sus tierras empleados de una empresa multinacional y enfrenten una situación de derechos laborales precaria. La alimentación básica también puede ser otro desafío en este escenario, que ahora la ex-familia campesina no tiene su propio terreno y aún no puede cultivar para el auto-consumo.

smweedsHay flores ecológicas que proviene de comercio justo y toda la producción está hecha en buenas condiciones laborales para los trabajadores y con cuidado al medio-ambiente pero no es fácil encontrar flores ecológicas y suelen ser caras. Por eso yo, como mi madre, prefiero las flores silvestres. Recojo las mías de la huerta colectiva en el Cabañal cada de vez en cuando la visito. Y por un par de días ellas dan un poquito de color a la casa y muchos recuerdos de mi madre. También sirven para recordar que tarde o temprano todos nos convertimos en flores.

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