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un día en la huerta

“Gracias por venir y participar esta mañana. Como sabéis estoy preparando un proyecto fotográfico sobre la iniciativa ‘Cabanyal Horta’, para el programa ‘Ciudades en la ciudad’, …” explicó la artista.

Acompañada por un equipo de videocámaras, María la artista, nos hizo la entrevista y luego nos sacó fotos en rincones de la huerta.

Fue un domingo, a las 11, más o menos, de la mañana. Un día soleado, el viento imperceptible. Uno de los días de febrero en Valencia que podría ser un día de mayo. Por medidas del confinamiento yo no había ido a la huerta, ni había visto a colegas huertanos desde hace meses y por el motivo de la entrevista ya nos encontrábamos una decena de personas. No conocía a todas, pero a la mayoría sí. ¡Qué alegría, y más, María nos cocinó un “snack” para el almuerzo! Qué maja, ¿verdad?

Yo estaba muy a gusto y contenta estar allá en Cabanyal Horta bajo el cielo claro y con amigos para contribuir a hacer unas reflexiones sobre este lugar que es muy especial para mí. No fue tarea ni obligación, fue un privilegio.

Después de la bienvenida, María nos propuso que diéramos una vuelta en silencio por la huerta y reflexionar sobre el lugar. “¿Qué nos estimula? ¿Qué recuerdos, pensamientos, ideas nos llegan? Y si encontramos un objecto que nos provoca o representa algo para nosotros que lo trajéramos al grupo. Diez minutos.”

¡Madre mía, mi mañana en la huerta se puso aún mejor!

tú, yo y la madre tierra

Este tipo de actividad es exactamente como trabajo cuando doy cursillos de conexión con la naturaleza. Hacemos varias actividades pero siempre existen los mismos tres hilos – conexión con una misma (el tiempo en silencio), con la naturaleza (un paso por un lugar natural) y con otras personas (que en este caso sería cuando nos sentamos en el círculo de nuevo para compartir reflexiones sobre la vuelta).

Sonrisa en la mente, en el corazón y bajo la mascarilla, puse mi pies en marcha hacia la parcela al lado de donde estábamos grabando. Es la grande y más antigua del recinto y está divida en otras seis parcelas. Admiré la diversidad de las plantas y sus flores y frutos, los colores, las formas y las texturas de cada huerta. Nuestra parcelita está aquí en el rincón extremo, notable por unas plantas de cardo grandes y el nido de avispas en el borde del jardín.

Seguí la vuelta. Pasé por la zona central con camas elevadas, la bomba de agua, el depósito de agua que lleva una planta de buganvilla como si fuera una mascarilla. Es para abonar y cubrir el tanque y también para desanimar a los niños de no subirla. Y no sé cuanto tiempo me quedaba de la tarea pero me dirigí hacía las aulas de los niños para ver el estado de sus jardines.

Durante tres años participé como monitora de clase de jardinería con colegas de la huerta para niños que vinieron de la escuela de enfrente Colegio Público de Educación Especial Ruiz Jiménez. También vinieron jóvenes de otra escuela del barrio, Colegio Santiago Apóstol, pero normalmente no me tocaba este grupo.

Estoy segura que aprendí tanto (o más) que el alumnado.

conexión con la tierra

Cuando empecé en el proyecto nunca había sembrado nada pero la propuesta de plantar no fue algo fuera de mi mundo. Crecí con la naturaleza como un lugar de ocio – alpinismo, camping, deportes acuáticos, etcétera. Mi madre tenía un jardín de flores y un huerto pero no me interesaban para nada, ni tampoco me obligó a trabajarlo. Y aunque siempre he mantenido plantas de casa en macetas vivas, no me habría llamado jardinera.

Mucho respecto también al mundo campesino, sin estas personas dedicadas a la agricultura y conservar la semillas, no comeríamos.

A otro nivel estoy yo, presente y sincero en mi aliciente de recuperar un poco de este conocimiento básico de nuestros antepasados. Sé que nunca rescataré todo, pero no me desespera y me concentro en la alegría que la tierra y los amigos del proyecto me dan.

Hay el lado práctico de cultivar y comer mis propios verduras, que es muy guay, y como una persona recién llegada a la ciudad hace 5 años, este proyecto me sirvió como un punto de conexión social. Y con el paso de los años he descubierto otro lado mucho más profundo y cósmico, que es el reconocimiento de la naturaleza como la fuente de toda la vida y mi deseo de ser más consciente de nuestras conexiones.

¿Quién eres?” “Soy tu otra madre.”

Durante estos últimos años he aprendido y sigo aprendiendo a relacionarme diferente con la tierra. Aquí puedes ver más sobre qué hago y qué os invito hacer. En breve, saludo y agradezco el sol, el cielo, el viento, los pájaros, los árboles y más todos los días.

Y desde hace seis meses cuando cosecho un fruto de una planta, en voz alta o en mi mente, intento recordar dar las gracias por el milagro que es la combinación de semillas, tierra, sol y agua. Son pequeñas oraciones naturales pero importantes para mí. Manifiestan mi gratitud a la madre tierra y a mi misma por reconocer nuestra conexión.

Volviendo al grupo

Las huertas de los niños estaban fructíferas, muy poca mala hierba y plantitas pequeñas, medianas y maduras. Lechuga, espinaca, pimientos, tomates, guisantes, habas y unas caléndulas amarillas que en el borde tenían capullos, flores y unas flores ya pasadas. La flores se habían secado y las semillas estaban listas para caerse al suelo. Me preguntaba si los niños estaban llegando para la clase. Suponía que por la pandemia las clases estaban suspendidas.

“¡Ey, ya es tiempo!” Me estaban llamando desde el punto de encuentro dónde íbamos a continuar la grabación. Volviendo al grupo vi a mis colegas con sus objectos de recuerdos en la mano – una criba, una pala, una bolsa de basura recogida, un regadero. Me preguntaron por el mío y expliqué que se me había olvidado de la tarea, pero siendo quien soy sí tenía algo.

Sin pensarlo, sin agradecer ni pedir permiso, había cogido semillas de caléndula y las tenía en mi bolsillo. Las iba a cultivar en una maceta en casa, para dar sabor y color a las ensaladas.

Qué acto y símbolo más apto para compartir con el grupo mi camino de aprendizaje con la madre tierra. La semilla de caléndula es una espiral, como los ciclos de la vida, o las estaciones del año, como los ciclos de aprendizaje, como el movimiento entre consciente y inconsciente. La madre tierra es muy generosa y constante, nos ofrece amor incondicional si sabemos recibirlo. En un sólo suspiro ella me perdonó y me acogió y me dijo “No pasa nada, habrá otro momento de cosecha y otra oportunidad de agradecerme.”

La potencia de la semilla es la misma que tenemos nosotros seres humanos y aunque aquel día se me olvidó expresar mi gratitud por las semillas de caléndula, la madre tierra tiene mucha paciencia y una gran capacidad de perdonar. De hecho ella está muy contenta del simple hecho que estamos hablando. Si lo pruebas, verás y luego me contarás qué te dice.

Y ahora yo digo a ti, gracias por leer este post y hasta la próxima.


Antes de cerrar completemente, quiero invitarte tambien a enterarte del PLAN ESPECIAL CABANYAL CANYAMELAR, un plan urbanistico que amenza nuestro espacio y muchos otros más del barrio. Aquí hay un corto video que explica todo, más información y una petitición para firmar. Gracias de antemano por firmar.


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